31 mayo 2008

SIMPATÍA POR EL DIABLO


El inicuo e inconstitucional estatuto de autonomía de Cataluña que consagra a este territorio como nación (sic) y en consecuencia establece decisivos privilegios para sus caciques en los ámbitos financieros, educacionales, judiciales, etc, va camino de quedarse tan sólo en inicuo, puesto que la inesperada muerte de un magistrado del Tribunal Constitucional afín al PP permitirá que la mayoría de magistrados del PSOE dictaminen que es constitucional.

Lo horripilante es que podamos decir tranquilamente, porque es así, que unos componentes del Tribunal Constitucional son de un partido y otros de otro. No hay separación de poderes y por tanto no hay auténtica democracia en este triste país. Ese debe ser uno de los principales objetivos de un partido que pretenda regenerar la política española.

Estatuto constitucional pero inicuo. El presidente Zapatero puede decir con la voz engolada de tanta hipocresía aquello de "marchemos francamente, y yo el primero, por la senda de la constitución", como el rey felón de amargo recuerdo, Fernando VII apodado 'el deseado' por el aldeano e ignorante pueblo español de "vivan las caenas", mientras demolía la primera constitución democrática de la neonata nación española para retroceder hacia el Antiguo Régimen. Exactamente igual que hace Zapatero.

Y Rajoy, naturalmente, que ya ha anunciado que asumirá la resolución del Tribunal sedicentemente constitucional, ahora que dice que hay que ser simpático con los nacionalistas. Dicen que el Cid Campeador ganó una batalla decisiva después de muerto, montado en su Babieca, para la causa de uno de los reinos cristianos. También dicen que Rajoy alcanzará la Moncloa, aunque esté políticamente cadáver, a lomos de Gallardón, ese centrista criado a los pechos ideológicos del franquista Fraga y secretario general en su día de la posfranquista Alianza Popular.

También han surgido ya los Bellidos Dolfos y los condes Don Julián en el PP vasco, para bailar sobre la Juana de Arco ajusticiada y quemada en la hoguera de vanidades del 'nuevo PP', esa San Gil que desde posiciones conservadoras ha defendido con su vida la libertad de todos nosotros mientras los 'liberales de salón' como Lassalle engullían canapés en la moqueta de la calle Génova. También estos 'centristas' vascos como Alonso, Barreda et al han dicho que los nacionalistas vascos están contra ETA (sic) y que hay que ser simpático con ellos. Estos estúpidos ignoran que mientras sonríen a los peneuvistas, éstos se aprestarán a recoger las nueces que caigan de los árboles sacudidos por ETA, árboles que serán probablemente ellos mismos que quedarán tendidos en la calle con la sonrisa helada y un charco de sangre.

Estos listillos del PP simpático nos quieren hacer sentir simpatía por el diablo. Con algunos de nosotros no lo conseguirán.