21 noviembre 2009

LA EUROPA DE LOS ENANOS


El recorrido de la Unión Europea es lento y triste, como para desanimar a cualquier europeísta, pero si algo debe decirse es que es un tren en marcha. Lento y triste, sí, pero circula porque se han alcanzado y pasado estaciones relevantes, como Maastricht, el euro, y ahora el tratado de Lisboa.

Pero el que desee ver una Europa federal, se ha equivocado de tren, porque la Unión Europea nunca disolverá a sus tres grandes naciones, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Se podrán dinamitar otras, como se ha hecho en los Balcanes y se intenta hacer con Bélgica y España, pero las tres grandes nunca perderán su esencia nacional. A lo único que se puede aspirar, en mi opinión, es a un lento caminar hacia una confederación de naciones soberanas. Ese es el único camino posible, la única posible estación fin de trayecto.

Dicho esto, sí que podemos enjuiciar el parto durante años y años del tratado de Lisboa como el parto de los montes: tanto y tanto ruido y al final parieron un ratón. O mejor aún, un ratón y una ratona, para ser políticamente correctos. El poder del eje franco-alemán se ha manifestado en la primera ocasión que se tenía para nombrar un presidente fijo y un superministro de Exteriores de la Unión Europea. Ni Sarkozy ni Merkel querían un político de prestigio que liderara Europa porque podría hacerles sombra, así que no han aceptado a ningún eximio ex presidente de algún país importante, y había varios.

Gran Bretaña, siempre jugando a 'outsider' ha aceptado el cambalache a cambio de colocar a una británica en segunda posición. Pero los dos elegidos son, digámoslo claramente, dos enanos políticos, un desconocido, democristiano y gris politiquillo de Bélgica, un país que ya no existe, y una baronesa-florero inglesa que como buena rica juega a ser progre perteneciendo al partido Laborista.

Bien, el tratado de Lisboa se pone en marcha pero como si no lo hiciera. Las dos figuras pensadas para liderar Europa son dos enanos, así que lo que arranca es la Europa de los enanos. No nos engañemos.