17 abril 2010

EL GOLPE DEL 13-A


El martes pasado 13 de abril se produjo el atentado más grave contra la democracia española desde el 23-F. Un golpe contra el Estado. Por el fondo, por las formas y por el escenario.

Comencemos por este último, la Universidad Complutense, un escenario protagonizado por un rector, el tal Berzosa, sectario hasta el extremo. Como cuando Millán Astray invadió la Universidad de Salamanca ante la digna resistencia del rector Unamuno, pero justamente al revés, el ombligo de la inteligencia sodomizado por los asonados.

Sigamos por las formas: una turbamulta de sindicalistas paniaguados que no han trabajado en su vida y mucho menos han defendido a los trabajadores como estamos viendo desde que comenzó la crisis económica, de artistillas cejijuntos multimillonarios no por su arte sino por las subvenciones a nuestra costa que reciben de su amo político, unos resentidos de todo pelaje e hijos de falangistas con el trauma psicopatológico conocido como complejo de inferioridad sublimado por el síndrome de Estocolmo, y entre ellos el durante casi toda su carrera fiscal a las órdenes de Franco, el ahora furioso antifranquista Jiménez Villarejo.

Y lo realmente grave, el fondo de la cuestión: diatribas antisistema y soflamas totalitarias contra la independencia judicial, contra la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, contra el Estado de derecho, contra la verdad, contra la libertad, contra la democracia. Y todo ello aplaudido por miembros relevantes del gobierno que todavía no han dimitido por participar en tal acto de sedición.

Ésta es la España de Zapatero: escombros políticos por una centrifugación autonómica, ruinas económicas por una impericia sectaria, y derribos sociológicos por la fractura perversa de todos los valores que unen a los ciudadanos de una nación, puro guerracivilismo.