13 febrero 2010

MANIOBRAS EN LA OSCURIDAD


Si la semana pasada fue ‘horribilis’ para Zapatero, esta semana que termina ha sido inquietante. Porque resulta turbador que el Rey, figura constitucionalmente castrada para la acción política, haya movido ficha.

Por supuesto que esa especie de declaración de intenciones, esa milonga de que el Rey iba a intensificar los contactos con las fuerzas políticas y sociales para llegar a un gran acuerdo nacional, oculta una agenda previa, y probablemente algún acuerdo previo entre figuras y figurantes en la oscuridad. ¿Quién ha acordado qué y con quién?

Los ciudadanos españoles tenemos derecho a saberlo, porque de acuerdo a nuestra constitución, todavía formalmente vigente, la política corresponde al gobierno y a las Cortes, no al Rey. ¿Se preocupa el monarca por la destrucción económica de España cuando no se preocupó e incluso alabó la destrucción política de España llevada a cabo por Zapatero y sus estatutos confederalistas y por tanto inconstitucionales? ¿Le preocupa más a la Corona la economía que la nación?

El Rey ha dado audiencia a la supuesta responsable económica, la señora Salgado, a los capos de los sindicatos oficiales y oficialistas, probablemente lo haga con el jefe de la oposición Sr. Rajoy y con el representante de los empresarios, pero parece que con anterioridad el Jefe del Estado se había reunido con personajes importantes de la vida política y económica.

España es una democracia parlamentaria. La salida más democrática a esta crisis política, económica y social es anticipar las elecciones, pero Zapatero no lo hará porque las perdería, y con ello dos años de su vida política útil. Otra alternativa sería que el PSOE, con su precaria mayoría parlamentaria y para intentar evitar la segura derrota electoral en 2012, sustituyera al idiota de la Moncloa por un socialista dialogante, mediador y nada sectario, alguien que lograra consensuar con el PP un plan serio y exigente contra la crisis. Pero en ese partido predomina no la inteligencia sino el sectarismo y la obediencia ciega al jefe, por lo que eso es prácticamente imposible.

Entonces ¿quién está forzando qué? ¿Qué Rajoy acceda a someterse a un supuesto gran acuerdo nacional, que no sería sino un plan de Zapatero para salvar no a la economía española sino a la imagen del charlatán de la Moncloa de cara a sus votantes? ¿Qué el PP acuerde no un plan económico sino un nuevo plan de marketing del chamarilero socialista?

No lo sé, pero como uno peina canas, recuerda que en 1981 un presidente de gobierno, con mayoría parlamentaria pero en medio de una crisis política sin precedentes, dimitió sin explicar nunca las razones. Hubo entonces una mano invisible, y no la del mercado precisamente. La mano mece de nuevo la cuna.