17 julio 2010

EL ESTADO DE LA CONFEDERACIÓN



No podemos decir que el debate en las Cortes Generales sobre el estado de la nación haya sido un fiasco porque el enunciado ya es falso. ¿De qué nación estamos hablando? ¿De la catalana, aceptada de manera infame por una mayoría del Tribunal Constitucional? ¿De la vasca? ¿De la cartagenera?

Cualquier persona mínimamente leída sabe distinguir entre el concepto romántico, reaccionario, predemocrático, de nación étnica o cultural, y el concepto ilustrado, progresista, democrático de nación política o cívica. Esta última la define el diccionario de la RAE en su primera acepción como "conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno", mientras que aquella es una tercera acepción: "conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común".

¿Alguien puede decir que en Cataluña toda la sociedad habla un mismo idioma y tiene una tradición común? No, porque el catalán es un idioma relevante pero minoritario en la comunidad autónoma, y hay muy variadas y ricas tradiciones entre los ciudadanos de Cataluña. El problema es que una minoría etnicista -importante, pero minoría- pretende imponerse al resto invocando el credo nacionalista, una mitología romántica predemocrática.

Por eso cuando Zapatero dice que la definición de Cataluña como nación en el estatuto no tiene validez jurídica pero sí política, está dinamitando la nación de ciudadanos que es España, está aceptando 'de facto' una confederación de naciones soberanas, confederación cartagenera que sólo durará mientras catalanistas y vasquistas hayan exprimido hasta el final las finanzas españolas y entonces opten por ejercer su soberanía e independizarse.

Y ante la proclamación del presidente de gobierno en la sede de la soberanía española de que burlará la sentencia del TC y aceptará en la práctica la confederación con la nación catalana, acto de leso golpismo ¿se ha abalanzado sobre él el líder de la oposición, el presidente del PP Rajoy, para denunciarlo ante la sociedad española? Pues no, Rajoy no ha dicho ni pío sobre el desacato del presidente, ha hecho como que no lo había oído, ha ignorado el estatuto catalán.

Sólo una diputada, la única de UPyD, Rosa Díez, le ha cantado a Zapatero las verdades del barquero, y ha denunciado el taimado golpismo de Zapatero y la gravedad de la crisis política que impide una solución a la crisis económica. ¿Por qué calla el PP? Por una razón muy sencilla: aspira a gobernar con los votos de los separatistas catalanes de CiU, y para ello tiene que asumir la infamia de dinamitar la España constitucional y aceptar de hecho la confederación de las taifas y los condados neofeudales. Un nuevo carlismo liderado por Rajoy para oponer el Antiguo Régimen a la democracia, el tradicionalismo reaccionario a la Ilustración, la servidumbre de la nueva gleba territorial a la libertad individual.

¿Realmente la España constitucional e igualitaria en derechos y deberes está representada por un único escaño en las Cortes?

1 comentario:

Carlos Fernández Ocón dijo...

Mil razones tienes y mil más encontrarás para no dar un solo voto a nadie que no sea UPyD. Si la mitad de los españoles tuviera celulas grises y supiera usarlas...solo con la mitad me conformaría.