26 junio 2010

CASTELLDEFELS, PARADIGMA DE LA POSMODERNIDAD


Intentar hacer algo de luz cuando estamos sumidos en la oscuridad siempre es desagradable, y como mínimo produce molestias en los ojos, y en el cerebro si hablamos de luz en sentido figurado. Por eso hablar sin complejos políticamente correctos cuando hay familias sufriendo enormemente por la tragedia de Castelldefels puede ser molesto; pero siempre es necesario hablar a calzón quitado.

Mi análisis rudo y desnudo: vivimos en una sociedad narcotizada por la falta de educación familiar, desastre de la enseñanza institucional y medios de comunicación basados en la mugre y la chusma. No se puede explicar de otra forma lo que estamos viendo y oyendo a raíz del terrible accidente en la verbenera noche de San Juan catalana.

Nos hablan pobres gentes que no tienen ni idea de nada, que han sufrido o no las consecuencias de la tragedia, opinadores de masas sobre que la Renfe, las autoridades, cualquier elemento ajeno a la responsabilidad individual de las personas deberían haber evitado el accidente… Que si unos guardas jurados llegaron tarde, que si los pasos subterráneos con escaleras ¡y ascensores! deberían estar diseñados no para el tráfico normal sino para una noche al año… Que si el tren de velocidad alta -que iba a sólo 139 Km/hora- debería haber ido más despacio o incluso parar en los apeaderos… ¿Pero de qué estamos hablando?

Sólo hay una causa real de tan desgraciado accidente: la irresponsabilidad de unos jóvenes que van de verbena, con la sangre rebosante de adrenalina y en algunos casos de alcohol, que siguiendo a un 'abanderado' por su gregarismo deciden incumplir una norma elemental de seguridad, de civismo y de urbanidad como es no cruzar las vías en una estación de tren.

Pero ¿qué es eso de normas, de civismo, de urbanidad? Son conceptos desconocidos para nuestros jóvenes, nacionales o extranjeros, porque vivimos en una Europa decadente, donde los valores de la modernidad han sido sustituidos por los contravalores de la posmodernidad: irresponsabilidad individual, relativismo moral y cultural, irracionalismo, pensamiento débil, gregarismo, todos los derechos y ningún deber. Son los pestilentes lodos que han traído aquellos polvos del movimiento contracultural de los años sesenta, las llamadas revoluciones del Mayo del 68 y del movimiento hippie, donde se confundía libertad con irresponsabilidad, esfuerzo con 'dolce fare niente' y trabajo con 'dolce vita'.

Así como el Romanticismo del siglo XIX trajo las desastrosas secuelas de los movimientos nacionalistas e irracionalistas del siglo XX, la Contracultura de la centuria pasada nos cobra en este siglo XXI las letras firmadas entonces, con una sociedad sin valores universales, sin valores ilustrados, sin valores fuertes, sin educación.

1 comentario:

Carlos Fernández Ocón dijo...

Nunca dejamos de sorprenderme, amigo Capitán Trueno. Cada día nos superamos en el absurdo y ahora incluso tengo ganas de ver hasta dónde seremos capaces de llegar.