08 mayo 2010

LECCIONES BRITÁNICAS

El cáncer de la democracia posmoderna es sin duda la tendencia a ser prostituida por las oligarquías partidistas, de tal forma que se convierte en partitocracia, siendo habitualmente el bipartidismo del 'establishment' el que logra impedir con sus leyes electorales 'ad hoc' la emergencia de nuevas fuerzas políticas que traigan vientos de cambio.

Ahí tenemos a la primera democracia de la modernidad, la británica, en manos de un bipartidismo que impide toda regeneración de la política merced a una dieciochesca e inicua ley electoral mayoritaria. El paradigma de esa partitocracia que muchos denunciamos es el hecho de que el tercer partido del Reino Unido, el emergente Liberal-Demócrata de la revelación Nick Clegg, ha obtenido el 23 % de los votos y tan sólo 57 escaños, mientras el segundón Partido Laborista con tan sólo el 29 % sentará a 258 parlamentarios. ¿Cabe mayor iniquidad?

El trasunto español del fenómeno de los liberales demócratas británicos es obviamente UPyD, aunque naturalmente enmarcado en circunstancias y culturas políticas distintas. Un tercer partido transversal, liberal y progresista, que trata de representar nuevas ideas más allá de las ideologías decimonónicas de conservadores y socialistas, de encarnar a la tercera España en este caso. Pero el mismo efecto electoral perverso, a una escala menor, sufrió UPyD en las elecciones generales del 2008, porque con los mismos 300.000 votos que el PNV, por ejemplo, obtuvo un acta y los nacionalistas seis.

En definitiva, si la democracia es la regla de 'un ciudadano, un voto', las inicuas leyes electorales de las oligarquías partidistas la convierten en una partitocracia que podríamos representar por el eslogan de 'dos partidos, todos los votos'. Por ello, en mi opinión, tanto el partido de Nick Clegg como el de Rosa Díez, cuando sean necesarios para gobernar, deberían poner como primera condición 'sine qua non' la reforma de las leyes electorales para devolver la igualdad política a todos los ciudadanos, y dejar el reparto del poder e incluso las políticas concretas en un segundo plano.

1 comentario:

helio dijo...

Estoy de acuerdo, necesitamos que se cambie de una vez la ley electoral, que todos los votos tengan el mismo valor.
Pero a ver quien es el valiente que lo propone.