19 diciembre 2009

EN EL HOSPITAL CON HERMANN TERTSCH



¡Amigos, españoles, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a visitar al hospitalizado Tertsch, no a ensalzarle! ¡El mal que hacen los hombres les sobrevive! ¡El bien queda frecuentemente sepultado con sus huesos! ¡Sea así con Tertsch!

El noble Wyoming os ha dicho que Tertsch era fascista. Si lo es, era la suya una falta, y gravemente lo ha pagado. Con la venia de Wyoming y los demás -pues Wyoming es muy honorable, como son todos ellos, hombres todos muy honorables- vengo a hablar en el hospital con Tertsch. Era mi amigo, para mí leal y sincero, pero Wyoming dice que era fascista, y Wyoming es un hombre muy honorable.

Infinitas veces defendió la libertad. ¿Parecía esto fascismo en Tertsch? Siempre que las víctimas dejaran oír su voz lastimera, Tertsch lloraba. ¡El fascismo debería ser de una sustancia más dura! No obstante, Wyoming dice que era fascista, y Wyoming es un hombre muy honorable.

¡No hablo para desaprobar lo que Wyoming habló! ¡Pero estoy aquí para decir lo que sé! Todos le amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no sentir compasión? ¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón! ¡Toleradme! ¡Mí corazón está ahí, en esta cama de hospital, con Tertsch, y he de detenerme hasta que torne a mí! ...

(Julio César y Shakespeare, revisitados)