10 septiembre 2009

LA PIRENAICA


Aunque ciertas comparaciones sean formalmente disparatadas, a veces unos hechos rememoran otros pasados muy diferentes en la forma -incluso opuestos- pero unidos por un nexo sustancial, profundo, casi invisible, pero vital.

Esta semana ha sucedido algo asombroso en esta España en descomposición por la violación sistemática de la constitución no sólo por los enemigos de ella, los nacionalistas, sino fundamentalmente por el partido del gobierno, el del neohippie Zapatero.

Uno trataba de oir una radio y un comunicador fuera de las ondas convencionales, porque aunque se pueda estar en nada, en todo o en parte -como es mi caso- de acuerdo con 'la radio de Federico', sólo el saber que ha sido expulsado del éter por no plegarse al 'diktat' de la jerarquía católica y de la dirección del PP, le anima a uno a escucharlo. Pero el hecho de vivir en Barcelona hace que no se pueda sintonizar esRadio en onda media o frecuencia modulada, y sólo ingeniándoselas -hurgando en la TDT o vía internet cuando se tiene el ordenador a mano- puede uno oir la voz de un disidente, de un heterodoxo, de un espíritu libre en definitiva.

¡Y cómo no asociarlo en la memoria y en la emoción de los recuerdos casi olvidados de la adolescencia y primera juventud, cuando en medio de la noche franquista uno buscaba una voz libre, aunque no se estuviera de acuerdo con sus cosas, hurgando en la vieja radio de casa, entre pitidos e interferencias de la onda corta, hasta oir aquella voz metálica y característica del "habla Radio España Independiente, estación Pirenaica"!

¿Cómo es posible que en la España de 2009 nos venga a la memoria la vieja Pirenaica, la emisora clandestina del PCE pero no sujeta a la dictadura franquista? La diferencia entre aquella emisora y la de Federico es sideral, tan grande como la que separa la tecnología de la onda corta de la de internet y la televisión digital, pero la sustancia escondida, la almendra del fruto, es la misma. Es la voz de los que no se resignan, de los disidentes, de los herejes, de los librepensadores.

¿Tan mal estamos en esta democracia posmoderna?