31 marzo 2007

LA DIALÉCTICA DE LA PATADA EN LOS COJONES

Fue el creador del fascismo español, José Antonio Primo de Rivera, el que definió perfectamente la visión política del fascismo, es decir, del nacionalismo totalitario, inventando el término de la "dialéctica de los puños y las pistolas" que debiera imponerse ante el fuego fatuo a su entender totalitario de la dialéctica parlamentaria.

Pues bien, he aquí cómo los herederos del protofascismo español que representara Sabino Arana, los sedicentes nacionalistas vascos democráticos, los farisaicos nacionalistas que no se manchan las manos de sangre porque su opción es recoger las nueces que caen del árbol golpeado por los nacionalistas violentos, he aquí decía cómo los moderados (sic) del PNV, con su moderado (sic) líder Imaz al frente, han actualizado, puesto al día y "aggiornado" la dialéctica joseantoniana: los demócratas del PNV (sic) han inventado la "dialéctica de la patada en los cojones", que por otro lado resulta mucho más aldeana, paleta, palurda, plebeya, populachera, pueblerina y provinciana que la del señoritingo de ciudad José Antonio, como corresponde a un nacionalismo de aldea, de campanario y de curas trabucaires como el vasco.

Lo grave no es que un energúmeno como el empleado a sueldo y militante del PNV Alejandro Aramburu -sólo hay que verle la cara para comprender que no es un ciudadano mínimamente ilustrado sino un aldeano de boina y garrota- agrediera salvajemente a Antonio Aguirre, al miembro de la parte acusadora en la Audiencia de Bilbao contra Ibarreche que era el Foro de Ermua. Lo gravísimo desde el punto de vista democrático es que el gobierno vasco, la Ertzaintza y el PNV, con la ominosa ayuda del estruendoso silencio del PSE, del PSOE y del gobierno de Zapatero, no sólo no hayan condenado inequívocamente la agresión fascista a un demócrata, sino que se hayan permitido decir -al estilo goebbelsiano de invertir la verdad y convertir a la víctima en verdugo- que una turbamulta de centenares de militantes nacionalistas habían sido atacados por una contramanifestación (sic) de 7 miembros del Foro de Ermua.

El pacifista Zapatero no se ha dignado condenar la salvaje "dialéctica de la patada en los cojones" que ha ejercido la chusma nacionalista vasca contra Antonio Aguirre, militante socialista expedientado pero no expulsado, pero que es un demócrata que lucha por la libertad en el País Vasco y cuya ideología en cualquier caso es irrelevante al respecto. ¿No es sorprendente que nuestro "presidente zen" no condene las agresiones fascistas por violentas, y en cambio aplique el cordón sanitario contra un partido perfectamente democrático como el PP acusándolo de extrema derecha, franquista y guerracivilista? ¿No resulta preocupante que su magnate protector Polanco quiera condenar al ostracismo político al partido de la oposición? ¿No es infame que sus intelectuales orgánicos, los progres de salón y feministas de pasarela como Almudena Grandes declaren en público que desean fusilar cada mañana a dos o tres opositores?

¿No será que Zapatero no condena las agresiones de sus socios parlamentarios porque nunca ha condenando las agresiones y asaltos a sedes del PP de sus propios militantes en la triste jornada de reflexión del 13 de Marzo del 2004? ¿No será que en el fondo el gran pacifista Zapatero es el auténtico inspirador de la "dialéctica de la patada en los cojones"?