
¿Cómo se puede explicar que después de 50 años de terrorismo nacionalista vasco, es decir, de asesinatos, mutilaciones y destrucciones familiares de seres inocentes, ETA siga teniendo el apoyo de muchos vascos y algunos navarros, al menos entre cien mil y doscientos mil? ¿Cómo explicar que en el siglo XXI según demoscopias recientes la décima parte de los jóvenes vascos justifique los crímenes en nombre de una presunta nación, y la mitad de ellos equipare a las víctimas con los victimarios?
La razón ha de existir, ha de ser profunda, y sin duda es la misma que nos manifiestan otros estudios demoscópicos acerca del soporte al terrorismo islamista de millones de musulmanes de todo el mundo. El pensamiento crítico, la ciencia, nos ha de dar una respuesta. Y nos la ha dado, lo que sucede es que no la queremos escuchar. El filósofo americano Daniel C. Dennett nos los explica en "Romper el hechizo", uno de sus últimos libros:
"Vemos un hormiga en el prado, escalando laboriosamente una hoja de pasto, más y más alto, hasta que cae. Luego escala otra vez, y otra vez, como Sísifo empujando su roca, siempre intentando alcanzar la cima. ¿Por qué la hormiga hace eso? ¿Qué beneficio busca para sí misma en esta actividad tan fatigosa e inusual? Ésta es, justamente, la pregunta equivocada. No le produce ningún beneficio biológico. La hormiga no está tratando de obtener una mejor vista del territorio, ni está buscando alimento, ni está intentando exhibirse frente a una potencial pareja, por ejemplo. Su cerebro ha sido confiscado por un diminuto parásito, una pequeña duela (Dicrocelium dendriticum), que necesita llegar al estómago de una oveja o de una vaca con el fin de completar su ciclo reproductivo. Este pequeño gusano del cerebro conduce a la hormiga a determinada posición para beneficio de 'su' progenie, no de la progenie de la hormiga. Éste no es un fenómeno aislado. Parásitos manipuladores similares infectan a los peces y a los ratones, entre otras especies. Estos autostopistas hacen que sus anfitriones se comporten de modo inusual, incluso de modos suicidas, todo por el beneficio del huésped, no del anfitrión.
¿Acaso a los humanos les ha ocurrido alguna vez algo semejante? De hecho, sí. Con frecuencia encontramos a seres humanos que dejan de lado sus intereses personales, su salud, sus oportunidades de tener hijos, y dedican sus vidas enteras a fomentar los intereses de una 'idea' que se ha alojado en sus cerebros. La palabra arábiga 'islam' significa "sumisión", y todo buen musulmán da testimonio, ora cinco veces al día, da limosna, ayuna durante el mes del Ramadán y trata de cumplir con la peregrinación, o 'hajj', a La Meca, todo en nombre de la idea de Alá y de Mahoma, el mensajero de Alá. Por supuesto, los cristianos y los judíos actúan de modo similar, dedicando sus vidas a predicar la Palabra, haciendo inmensos sacrificios, sufriendo con coraje, arriesgando sus vidas por una idea. Así también los sijs, los hindúes y los budistas. Y no hay que olvidar a los miles de humanistas seculares que han dado sus vidas por la Democracia, o la Justicia, o simplemente la Verdad. Hay muchas ideas por las que vale la pena morir".
Dennett da en el clavo. Pero debemos añadir que hay una segunda derivada mucho más peligrosa que estar dispuesto a morir por un ideal que ha parasitado nuestra mente, y es estar dispuesto a matar por él. Con frecuencia los cerebros humanos son parasitados por virus meméticos poderosos como el fundamentalismo religioso, o su equivalente político, el nacionalista, que conducen al género humano a asesinar por un mito o al menos a justificar y apoyar el crimen.
Fascismo y comunismo nos trajeron en el siglo pasado millones de muertos; nacionalismo e islamismo son los parásitos mentales de la nueva centuria que nos acechan para destruir no sólo nuestra libertad sino nuestra vida. No todas las ideas son respetables, y el deber de la democracia es defendernos de los criminales, y por lo tanto no dar cuartel a los virus meméticos que alientan el fanatismo de muchos seres desgraciados. Quien no comprenda que debemos impedir que esos parásitos nos conduzcan a la muerte, como a la hormiga de Dennett, no ha entendido la historia, ni entiende nada.


Es enternecedor el funeral de alto rango que los socialistas han ofrecido a Zapatero en Zaragoza... porque en España sólo a un muerto -muerto político en este caso- se le dedican tantas y tan babosas alabanzas.
















