
Desgraciadamente, algo que suele ser individual en la política como es la corrupción, que siempre ha existido y siempre existirá porque es inherente a la naturaleza humana, se está convirtiendo en esta España en descomposición en una pandemia política.
¿Por qué? Por eso mismo, porque el Estado salido de la transición ha sido ultrajado y sodomizado por una oligarquía de partidos que han prostituído la democracia, convirtiéndola en partitocracia: dos partidos sedicentemente nacionales, con un apéndice a la izquierda ya putrefacto por su abandono del ideal progresista de la igualdad de todos los ciudadanos, chantajeados permanentemente por una pléyade de partidúsculos nacionalistas que actúan como auténticas meretrices políticas, metiéndose en la cama con el partido gobernante a cambio de prebendas, privilegios, sinecuras y momios, de dinero, mucho dinero.
Corrupción al por mayor del PP en Madrid, Valencia y Baleares, corrupción a gran escala del PSOE en sus graneros de Andalucía y Cataluña, corrupción sin fin de los nacionalistas en sus terruños, como toda la burguesía catalana cogida con las manos en la masa (Millet, Prenafeta, Macià Alavedra), la 'princesa' de Mallorca Mª Antonia Munar, auténtica reina de la prostitución política balear...
Sólo una profunda regeneración democrática puede sacar a España del lodazal inmundo en que la han metido sus políticos. El Estado español es una fosa séptica, y sólo la reforma de la constitución en profundidad puede airearlo y sanearlo.
Separación de los tres poderes para lograr la independencia del Poder Judicial, reforma de la ley electoral para que se cumpla la necesidad democrática de 'un ciudadano, un voto' (por ejemplo ahora un voto vasco al PNV vale seis veces más que un voto en Burgos a UPyD), reforma también en los ayuntamientos para que gobierne la lista más votada y no la suma de votos que las mafias, los caciques y los corruptores tengan a bien, devolución al Estado central de los pilares de la igualdad como son la Educación, la Sanidad, la Fiscalidad y las Infraestructuras... en fin, un genuino regeneracionismo, un auténtico reformismo y una acreditada renovación. Como los que propone UPyD en su programa.
El gran Melquíades Álvarez lo intentó en el primer tercio del siglo XX, él y su Partido Reformista, pero el insigne mentor político de Azaña y de Ortega y Gasset, el ilustre republicano, como se sabe fue asesinado al comienzo de la Guerra Civil por el Frente Popular. Miserables paradojas de la política.
Confiemos en que la nueva Melquíades Álvarez del siglo XXI, Rosa Díez, tenga más suerte, mucha más suerte, con su proyecto de UPyD para la necesaria regeneración democrática de esta España hedionda, fétida, pestilente, nauseabunda, mefítica, inmunda y corrupta.





















