21 septiembre 2008

MUNICH 1938, BRUSELAS 2008


Exactamente cuando vamos a conmemorar -que no celebrar- el 70º aniversario de la oprobiosa claudicación de la Europa democrática ante Adolf Hitler en los acuerdos de Munich, cuando los mandatarios de Francia y Gran Bretaña aceptaron de buen grado la política expansionista del dictador alemán -Austria, los Sudetes...- bajo el fetiche de la paz, el diálogo y la respuesta proporcionada, justo ahora, la Unión Europea ha caído bajo el mismo e ignominioso síndrome muniqués.

En efecto, la jugada maquiavélica del Kremlin para provocar a un ingenuo presidente georgiano ha dado resultado, y la neozarista Rusia de Putin ha logrado 'de facto', con su invasión de una Georgia teóricamente libre y teóricamente protegida por Occidente, la anexión, vestida de secesión unilateral, de buena parte del territorio georgiano.

Y de nuevo los mandatarios europeos han mostrado su criminal política de apaciguamiento inventada por los estúpidos Daladier y Chamberlain, que tal y como lo había advertido Churchill llevaron a Europa al deshonor por tratar de evitar una guerra, guerra que lógicamente llegó más tarde dado el imparable afán expansionista de la Alemania nazi.

Sabíamos del desinterés de la canciller democristiana germana, condicionada por su dependencia del gas ruso, sabíamos de la crisis interna que vive el primer ministro laborista británico, pero quien nos ha defraudado totalmente ha sido el presidente francés, un Sarkozy que ha perdido todo su crédito de dirigente liberal y sin complejos. Bruselas ha hecho el ridículo, porque antes de bajarse los pantalones ante los dictadores del Kremlin, aún tuvo tiempo de 'amenazar' con unas necesarias sanciones económicas que nunca llegaron.

Como en 1938, sólo unos pocos intelectuales han alzado la voz ante la ceguera de los políticos europeos. La mejor muestra ha sido la de los filósofos franceses André Glucksmann y Bernard-Henri Lévy, aunque el primero apoyara a Sarkozy en las pasadas elecciones francesas y el segundo a la candidata socialista. Pero ambos son profundamente liberales, y además conocen la historia, saben de lo que hablan. El título de su artículo conjunto lo dice todo: ¿SOS Georgia?, ¡SOS Europa!.