18 marzo 2006

DE MUJERES PROGRESISTAS


Una mujer, "fiera defensora de la libertad": Ayaan Hirsi Ali

Esta persona, ciudadana holandesa de origen somalí, que tiene que caminar por los hiper-liberales Países Bajos con 6 guardaespaldas por defender la LIBERTAD, sí que es una mujer progresista, y no esa pija apergaminada aficionada a Vogue y al turismo gratis-total por la hambrienta África, y su cohorte de mariachis hipócritamente ofendidas de las Cortes.

Ayaan Hirsi Ali es espléndidamente entrevistada en El Mundo por otra mujer, Isabel San Sebastián. Habla del Islam, del islamismo, de las mujeres, de Europa, de la alianza de civilizaciones, y todo de forma maravillosamente ejemplar.

He ahí los pilares para una política sobre el multiculturalismo y la emigración musulmana basada en los valores de la Ilustración, a saber, el racionalismo, el espíritu crítico, el civismo, la libertad de individuos, la igualdad de derechos. O sea, lo que unos llaman liberalismo progresista, otros social-liberalismo, y quizá también lo que muchos pensamos que debe ser Ciutadans de Catalunya.

(Y qué decir de otra mujer progresista, Rosa Díez, luchadora en el País Vasco no sólo contra el fanatismo nacionalista, sino directamente contra el tiro en la nuca. Otra mujer que tan sólo puede caminar por la vida con escoltas por defender la libertad. Hoy hemos sabido que ha sido apuñalada por el esbirro de Zapatero el sonriente, el triste verdugo Blanco, el que también ejecutó políticamente a Nicolás Redondo).

AYAAN HIRSI ALI / Diputada del Partido Liberal holandés

«La Alianza de Civilizaciones de Zapatero es interpretada por los islamistas como un signo de debilidad»

Tras romper con su familia, su religión y las tradiciones de su infancia en Somalia, ha tenido el coraje de alzar la voz para denunciar que el islam está anclado en un pasado oscurantista, que subyuga a la mujer y pretende conquistar un Occidente que considera sumido en la decadencia.

ISABEL SAN SEBASTIAN

MADRID.- Es una de esas mujeres que desmienten radicalmente la asimilación de la valentía con los atributos sexuales masculinos. Su valor es inconmensurable. Gigantesco. Ayaan Hirsi Ali es una fiera defensora de la libertad, que ha elegido el camino más difícil y también el más digno.

No sólo está condenada a muerte por los mismos islamistas que asesinaron a su amigo Theo Van Gogh, director de una película «blasfema» cuyo guión llevaba su firma. No sólo vive protegida por seis guardaespaldas que la acompañan a todas partes, en una Holanda en la que tal circunstancia resulta una excentricidad sin precedentes. No sólo soporta a diario los insultos y descalificaciones de quienes la consideran demasiado radical para este mundo de lo «políticamente correcto» en que vivimos. Ella ha tomado una opción que la ha llevado a romper con su familia y su religión. Con su pasado, su país de origen (Somalia) y todas las tradiciones de su infancia. Desde su tribuna del Parlamento holandés, país que le proporciona asilo, como diputada del Partido Liberal; desde sus escritos, sus declaraciones a los medios de comunicación y sus conferencias por todo el mundo, Hirsi Ali dice verdades como puños.

Pregunta.- ¿Merece la pena tanto sacrificio?

Respuesta.- Sí, merece la pena porque el hecho de que yo haya puesto el dedo en la llaga de la situación de muchas mujeres musulmanas en Holanda ha forzado al Gobierno a tomar medidas para protegerlas. A estas mujeres se les ha dado por vez primera la oportunidad de sacar a la luz sus vidas y lo están haciendo, lo cual es decisivo para empezar a cambiar la situación.

P.- En Holanda y fuera de ella, a escala europea y occidental, ¿se siente acompañada y apoyada en su batalla?

R.- Tengo compañía. Cuando yo me sumé a este debate gentes como Salman Rushdie o Taslima Nasrim ya eran activistas destacados y cada vez hay más voces de hombres y mujeres musulmanes que están denunciando valientemente el oscurantismo y el atraso que quieren imponernos algunos.

P.- ¿Ha estado Europa a la altura de sus expectativas en la crisis de las caricaturas de Mahoma?

R.- El único líder que ha reaccionado como yo creo que habrían debido hacerlo todos es el primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, a quien yo respeto enormemente por mantenerse firme ante los imames. Otros dirigentes me decepcionaron. Sarkozy dijo cosas interesantes, pero Chirac se mostró dispuesto a ayudar a las organizaciones musulmanas ofendidas a acudir a la Justicia. Blair se calló y Jack Straw denunció a los dibujantes.

P.- ¿Y Zapatero?

R.- ¡Zapatero, con su Alianza de Civilizaciones...! A mí me parece muy bien eso de aliarnos con otras civilizaciones, pero primero habrá que considerar de qué clase de civilizaciones estamos hablando.¿Puede compararse la civilización occidental con la civilización islámica, que cerró las puertas de la Razón en el siglo XI? La civilización islámica está en una profunda crisis hoy en día. Muchos jóvenes musulmanes están escapando de sus propios países porque quieren alcanzar el Occidente y su civilización. Los países que se rigen por la sharia o ley islámica cortan las manos de los ladrones, cuelgan a la gente, subyugan a las mujeres están sumidos en la crisis económica. ¿Es ése el tipo de civilización con la que quiere aliarse el presidente del Gobierno español? Debería meditar sobre estas cuestiones antes de hablar de alianza de civilizaciones.

P.- ¿Es el islam o el islamismo susceptible de ser domesticado con políticas de apaciguamiento?

R.- El islam no puede ser contenido mediante el apaciguamiento, no. Pero hay que distinguir islam de islamismo. Cuando hablamos de musulmanes que aceptan la ley secular occidental, no hay problema. Pero si hablamos de movimientos totalitarios que politizan el islam, entonces el apaciguamiento está abocado al fracaso. Cuanto más intentas apaciguar, más piensan los islamistas que eres un débil y que han ganado. Una de las creencias nucleares del islam político es que los occidentales en general, y los europeos en particular, son decadentes e incapaces de ofrecer una guía moral a la Humanidad. Y de acuerdo con este pensamiento, cuando tú intentas la vía del apaciguamiento, ellos se convencen de que tienen razón y van ganando. Cuando boicotean los productos daneses, queman embajadas y la respuesta que reciben es: «De acuerdo, vamos a retocar la libertad de expresión para adaptarla a los usos y costumbres islámicos», obtienen la confirmación de que los occidentales son gente totalmente decadente.

P.- ¿Es el islam una religión de tolerancia?

R.- No. Podría serlo. Los musulmanes podrían aprender a convertir el islam en una religión de tolerancia, pero cuando se contempla el islam como un cuerpo compacto de pensamientos tal y como los presentó el profeta Mahoma, se convierte en una religión tolerante únicamente con los hombres; las mujeres están subyugadas. Con los heterosexuales; los homosexuales han de ser eliminados. Con los creyentes; los apóstatas deben ser asesinados de acuerdo con los dictados del Profeta.

P.- ¿Los musulmanes que vienen a Europa respetan nuestra cultura?

R.- Algunos lo hacen, algunos vienen a Europa precisamente en busca de derechos humanos, pero otros no respetan la ley secular porque la ha hecho el hombre y creen que es temporal. Estos desean introducir el islam en Europa y conquistarla para su religión. Está en manos de los dirigentes europeos encontrar la inteligencia, visión y determinación para distinguir entre los que eligen el laicismo y las libertades, y los que emplean un doble lenguaje, como Tarik Ramadan, o los fundamentalistas que dicen representar a la comunidad.

Si los líderes de Europa optan por este segundo grupo, me temo que se confirmará en la práctica lo que piensan los islamistas. Y en ese contexto la Alianza de Civilizaciones que propone Zapatero, aunque sea bienintencionada, no es interpretada como un gesto de buena voluntad, sino de debilidad del enemigo y en consecuencia de victoria.

P.- ¿Existe una estrategia definida del islamismo para llevar a cabo esa conquista de Europa que, a su juicio, pretende?

R.- Desde luego. Esa estrategia pasa, en primer lugar, por el terrorismo; esto es, crear tal terror en los ciudadanos que nadie se atreva a criticar el islam. Y como ésta es una batalla ideológica, limitan las posibilidades de los no musulmanes de dar la batalla en el terreno de las ideas y la discusión pública.

Luego está el dinero. Hay mucha financiación de esa ideología que viene de Arabia Saudí o Irán, y tenemos que seguir el rastro al dinero. A eso se añade la corrupción de las instituciones occidentales, como la Educación, por el procedimiento de instalar escuelas coránicas o madrasas entre nosotros, y de la Justicia y los partidos políticos, infiltrándose en ellos.

Y por supuesto está la demografía. La concentración de tanta gente como puedan en los países europeos, donde ya han conseguido que en algunas ciudades francesas los supermercados no vendan alcohol o carne de cerdo.

P.- ¿Podemos esperar nuevos ataques terroristas tan devastadores como el del 11-M en Madrid?

R.- Eso dependerá de la capacidad de los servicios de Inteligencia europeos para desmantelar las tramas terroristas islámicas. Porque esas tramas existen y preparan atentados. De eso estoy segura.

P.- ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie para impedirlo?

R.- Ocupar la arena ideológica. Ahora mismo hay 1.200 millones de seres humanos en todo el mundo que son vistos por los islamistas como un bloque monolítico. Sus corazones y sus mentes son considerados una propiedad de los islamistas.

Nosotros, quienes creemos en la libertad y el poder de las ideas, no estamos intentando siquiera influir en los corazones y las mentes de esas personas, diciéndoles que lo que el profeta Mahoma dijo en el siglo VII no es correcto ni es bueno, aunque les hayan enseñado lo contrario.

Fuimos capaces de decir a los comunistas que las enseñanzas de Marx eran perversas y que el paraíso que prometió era realmente el infierno una vez puesto en práctica. Lo que debemos hacer ahora los ciudadanos, no los gobiernos, es convencer al mayor número posible de musulmanes de que el paraíso de Mahoma no existe ni se hará nunca realidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Existencia triste la de aquel que quiere, que todo el universo sea un espejo infinito.

Gertrudis Stein